El 1 de agosto, en un programa de TVN se conversó sobre los sismos de la zona central de Chile, específicamente en la quinta región y la posibilidad de que ocurra un gran sismo en la zona. En este programa participaron varios expertos, uno de ellos el académico Dr. Marcos Cisternas, y un exalumno del programa de Magister en Oceanografía, Sr. Matías Carvajal.

El programa lo pueden ver en el siguiente link:

http://www.13.cl/programas/bienvenidos/noticias/sismo-de-gran-magnitud-acecha-a-la-quinta-region

El académico Patricio Winckler y la alumna Cyntia E. Mizobe, de nuestro Programa Magister en Oceanografía, participaron en investigaciones científicas que dieron fruto a dos artículos recientemente publicados:

Sin tituloContreras-López M, Salcedo-Castro J, Cortés-Molina F, Figueroa-Nagel P, Vergara-Cortés H, Figueroa-Sterquel H & Mizobe C.E. (2017) El Yali National Reserve: A System of Coastal Wetlands in the Southern Hemisphere Affected by Contemporary Climate Change and Tsunamis. pp 243-271, En: Finkl C.W., Makowski C. (Eds) Coastal Wetlands: Alteration and Remediation. Coastal Research Library, USA.
DOI: 10.1007/978-3-319-56179-0_8

 

 

 

 

 

Sin titulo2Contreras-López M, Winckler P, Sepúlveda I, Andaur-Álvarez A, Cortés-Molina F, Guerrero CJ, Mizobe, CE Igualt F, Breuer W, Beyá JF, Vergara H & Figueroa-Sterquel R. (2017) Field Survey of the 2015 Chile Tsunami with Emphasis on Coastal Wetland and Conservation Areas. pp 235-253. En: Braitenberg C., Rabinovich A. (eds) The Chile-2015 (Illapel) Earthquake and Tsunami. Pageoph Topical Volumes. Birkhäuser, Cham

DOI 10.1007/978-3-319-57822-4_17

La alumna de Magister en Oceanografía, Srta Ilia Cari, participó en el Primer Simposio de Isótopos Estables (SIASIM 2017), organizado por la UNAB y realizado el 24 de julio en Santiago, Chile. El trabajo de Ilia se tituló "Importancia de la materia orgánica de origen terrestre sobre la estructura trófica de las comunidades marinas bentónicas en un fiordo con influencia glacial (Sistema de Fiordos Martínez-Baker, 47°S, Patagonia Central)", en el cual participaron como co-autores, Dr. Eduardo Quiroga, académico del programa de Magíster, y dos investigadores de la Universidad de Magallanes.

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El día 16 de mayo de 2017 se embarcaron alumnos y profesores del Magister en Oceanografía en el buque oceanográfico AGS “Cabo de Hornos”, para realizar una visita de instrucción sobre las capacidades y características de esta nave. Participaron, además, alumnos de pregrado de las carreras en ciencias del mar de la Universidad de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y Universidad Andrés Bello. El buque desarrolló una corta travesía por la Bahía de Valparaíso, durante la cual los alumnos conocieron los espacios de laboratorios, winches, toldilla, habitabilidad y otros. Esta actividad forma parte de la formación de los estudiantes del programa en actividades prácticas a bordo.

Dos alumnas de nuestro Programa de Magister en Oceanografía, Srtas. Victoria Salas Rojas y Susana Rodríguez Marconi, obtuvieron BECAS CONICYT para este año académico 2017. Esta beca apoya financieramente la obtención del grado académico de Magíster, en programas acreditados en conformidad con la Ley Nº 20.129 e impartidos por universidades chilenas, por un plazo máximo de dos años.

El pasado viernes 27 de abril de 2017, se dio inicio al año académico en el Magíster en Oceanografía de la PUCV-UV, en el salón Auditorio de la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Valparaíso.

Los Directores del programa, Marcela Cornejo y Mario Cáceres dieron la bienvenida a los alumnos y profesores del programa. Posteriormente el Dr. Eulogio Soto dio una conferencia titulada “Biodiversidad, descubrimientos y ecología litoral de la patagonia Chilena”.

Posteriormente al término de la ceremonia se realizó un asado de camaradería en el casino de la Facultad para todos los asistentes.

Si bien el terremoto del 16 de agosto 1906 en Valparaíso es uno de los más catastróficos que ha afectado a esta zona, no se conocen muchas de sus características sismológicas porque en esa época no existían instrumentos que las midieran.

Sin embargo, mediante el estudio de antiguos mareogramas japoneses (aparatos ubicados en la costa que registran cambios en el nivel del mar) investigadores de la Escuela de Ciencias del Mar de la Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) identificaron el pequeño tsunami que afecto a las costas niponas unas 24 horas después del terremoto de Chile.

Gracias a esta información, y con la ayuda de modelos matemáticos, pudieron determinar la magnitud probable de ese terremoto, como también el de 1922 en Copiapó, que produjo un aumento del nivel del
mar en Japón incluso mayor al de 1906, según explicó Matías Carvajal, Ingeniero Civil y autor principal de la investigación que le permitió graduarse como Magíster en Oceanografía.

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Los Gases de Efecto Invernadero (GEI) tienen la particularidad de absorber calor y hacer que en la superficie de la Tierra haya altas temperaturas. En su ausencia habría 18 grados bajo cero, y la vida, si hubiera evolucionado, probablemente no sería como se conoce. Este mecanismo, mediante el cual nuestro planeta guarda calor permitiendo condiciones óptimas para la vida. se conoce como Efecto Invernadero.

Varios de los GEI se producen de manera natural, entre ellos, el dióxido de carbono (C02), el metano, el óxido nitroso y el ozono. Sin embargo, sus concentraciones naturales se han incrementado drásticamente durante los últimos setenta años como consecuencia de actividades antropogénicas, es decir, que realizan los seres humanos, tales como la quema masiva de combustibles fósiles para obtener energía, la tala de bosques y el cambio en el uso del suelo.

"Nuestras actividades han aumentado esos gases que son capaces de retener el calor y además, hemos incorporado otros que son incluso más poderosos que los naturales como los clorofluorocarbonos. Eso sería el principal responsable de que aumente la temperatura en la Tierra", explica la doctora Marcela Cornejo, académica de la Escuela de Ciencias del Mar de la Pontificia Universidad Católica de
Valparaíso e investigadora del Instituto Milenio de Oceanografía.

En el Laboratorio de Biogeoquímica de Gases de Efecto Invernadero
(LABGEI) que dirige, la experta en oceanografía química realiza, junto con otras mujeres de ciencia, investigaciones en diversas zonas - la Antártica, los fiordos, los montes submarinos, los salares, los ríos, Isla de Pascua y frente a Valparaíso, entre otras- para determinar cómo funciona cada una respecto de la producción de tres Gases de Efecto Invernadero en particular: el C02, el óxido nitroso y el metano.

"Las investigaciones científicas muestran que en el océano y los continentes se producen GEI, pero no de manera homogénea, ya que depende de diversos factores, tanto físicos como biológicos. No es posible determinar la producción natural de estos gases de forma global teniendo como referencia un solo punto", sostiene la doctora Cornejo.

ZONAS DE MINIMO OXIGENO

En el LABGEI, las investigadoras estudian no solo cómo los GEI varían en cada zona, sino que también en el tiempo.
Es así como han podido determinar que, frente a la costa de Chile, algunos de estos gases se producen considerablemente cuando existen bajas concentraciones de oxígeno.

Por una condición natural, en la zona costera existe una Zona de Mínimo Oxígeno (ZMO) donde las concentraciones de oxígeno decrecen y se producen altas cantidades de GEI. Esas zonas se caracterizan por ser muy productivas, con gran cantidad y diversidad de organismos.

En el mundo existen tres principales ZMO: en California, en el mar de Arabia, y frente a Perú y Chile.

"Nuestra zona tiene una variabilidad. Por ejemplo, en verano hay una alta productividad biológica en superficie -como microalgas que hacen fotosíntesis- que consume dióxido de carbono. Sin embargo, en el invierno esa productividad disminuye y aumenta el dióxido de carbono".

A esto se suma el fenómeno de surgencia que lleva agua -con alto contenido de dióxido de carbono. óxido nitroso y metano- desde la parte baja del océano hacia la capa superficial. Posteriormente, esos gases se liberan hacia la atmósfera.

"Esto ocurre principalmente en primavera y verano. Estamos conociendo la dinámica de cómo va variando la producción de esos gases en el año", dice la investigadora.

EL PLASTICO Y EL GIRO DEL PACIFICO SUR

A fines de 2015, científicas del LABGEI se embarcaron en un crucero oceanográfico CIMAR desde las costas de Chile hacia Isla de Pascua en el centro del giro del Pacífico Sur, región donde debido a la circulación de las corrientes oceánicas, se acumula alto contenido de basura y plástico.

La investigación se enfocó en determinar qué sucede en esas partículas de plástico en relación con los microorganismos que viven en ese sustrato, ya que si bien esa colonización es natural. Existe por la presencia del plástico generado por los seres humanos.

¿Quiénes habitan ese plástico?, ¿producen GEI?. ¿qué procesos metabólicos que producen GEI tienen esos organismos?, ¿qué pasa con la producción de esos gases que de otra forma no existirían?, se preguntaron. Los resultados de los experimentos en microplástico demostraron que, en algunos casos, existe producción de GEI y, por lo tanto, el favorecer esta producción también altera el equilibrio del medioambiente.

"Realizamos este tipo de estudios, porque es importante entender que todas nuestras acciones tienen una repercusión en la naturaleza y se hace necesario determinar su magnitud. Estamos agotando la capacidad que tienen los océanos para regular el clima y mitigar las consecuencias del efecto invernadero", concluye la doctora Marcela Cornejo.

Fuente: Diario La Segunda, 2 de septiembre de 2016.

Especialidad: Oceanografía de fiordos y estuarios, dinámica costera, interacciones físico-biológicas en el océano, energías marinas, técnicas computacionales en oceanografía.
  Bachiller en ciencias e Ingeniero de Ejecución en Armas, Academia Politécnica Naval. Chile. Magister en Ciencias mención Oceanografía, Universidad de Concepción.
  Doctor of Philosophy, Oceanografía física, Old Dominion University, EUA.
   

 

Tel: 56-32-2507865
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La rica biodiversidad del océano que rodea al continente antártico es generada en primera instancia por el fitoplancton, un conjunto de algas unicelulares que a la vez sustenta la existencia de una especie de pequeños crustáceos conocida como krill. Esta palabra proviene del idioma noruego y significa “pequeño alimento de peces”, aunque sería más acertado definirla como “pequeño alimento de ballenas”.

El krill corresponde a diminutos camarones, de un tamaño menor a cinco centímetros en estado adulto, que tienen la singular característica de formar enormes concentraciones. Es así como millones de individuos se congregan en cardúmenes que pesan cientos e incluso miles de toneladas, y que abarcan grandes extensiones. Son organismos pelágicos, es decir, que viven en las aguas libres –ya sea cerca de la superficie o hasta cientos de metros de profundidad– que están distribuidos principalmente alrededor del territorio antártico, al Sur y Este del continente sudamericano.

En el ecosistema marino antártico el krill es pieza clave por ser el organismo central en la trama trófica, proceso de transferencia de energía y nutrientes entre un grupo y otro de organismos. Desde las aguas tropicales hasta las frías aguas antárticas se desplazan ballenas para consumirlo en abundancia. También es alimento de peces, aves, pingüinos, focas y calamares.

Esta abundante especie es rica a nivel nutricional. Es fuente de proteína y Omega-3 que se destina a consumo humano, a la elaboración de subproductos y como suplementos para alimentación animal. Las principales capturas son realizadas por Noruega y en menor proporción por Corea del Sur, China, Japón, Chile, Ucrania, Polonia, Rusia y el Reino Unido. Para asegurar la sustentabilidad de ésta y de las otras especies de este ecosistema la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), de la cual Chile es miembro, ha fijado como medida precautoria un máximo de captura anual de 620 mil toneladas.

Según explica Patricio Arana, académico de la Escuela de Ciencias del Mar de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, “Chile es el único país latinoamericano que captura krill. A la vez, participa activamente en la investigación de los recursos marinos presentes en esta región oceánica contribuyendo así a preservar la flora y fauna de este prístino confín del mundo”.

¿Sabías qué?

La especie de krill más común y abundante en aguas antárticas recibe el nombre científico de Euphausia superba. La denominación proviene del griego y se refiere a estos crustáceos como “los bien luminosos” por tener en su cuerpo fotóforos, que son órganos capaces de producir luz.

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Artículo publicado en la Revista Muy Interesante, edición de julio 2016

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